Como resultado de la eterna obra de creación que a todos nos compete, aprendemos a sentir esa creación como parte de nuestra composición, que por el grado de desarrollo de nuestra alma serán nuestras obras o creaciones de mayor o menor talla. Seremos conductores o conducidos, creadores o destructores, consumidores o consumidos, exterminadores o defensores de la vida y eso demuestra una capacidad o un grado de progreso. No sería justo que asumiéramos una acción para la cual no tenemos el desarrollo, la capacidad, el grado, la madurez necesaria para llevarla a un término satisfactorio que en justa medida refleje beneficios para las partes involucradas, ello es justicia y... ¿Quién la ejerce y aplica?. El hombre y nadie más, no es necesario buscar esa justicia de la Ley en escenarios paranormales porque no existen, ellos se crean como los mitos y los milagros, por la imposibilidad de explicar los fenómenos o manifestaciones de la vida natural. El observador sin mayores alcances racionales o con grados de progreso no mayores al corriente, no podrá jamás explicarse muchas cosas que a diario suceden en el mundo, quizá ni las percibe, por lo tanto no tiene esa capacidad y su personalidad únicamente alcanza para acometer obra menor, que por ser menor no es menos importante dentro del progreso universal.

Toda expresión humana demuestra la acción del espíritu y los grados de su alma, porque no actúa solo, necesita la materia para actuar y requiere de sensibilidad para establecer el alcance de sus acciones, medir las consecuencias derivadas de sus actos por la razón, para ello es necesario desarrollarse efectivamente a través de la múltiple participación en el trazado de los destinos o misiones, todos sin excepción los tenemos y de ellos aprendemos cada vez más y cada vez seremos más diestros en la dirección del desenlace de nuestra vida, asumiendo con mayor responsabilidad la actividad que acometamos, por esa causa solo es posible avanzar, progresar y evolucionar como lo hemos hecho desde la roca tormentosa de la caverna hasta la condición actual, en la que aunque haya actos propios de salvajes, demuestran que el progreso es común y que aunque los actos sean de primitivas tendencias, no detienen el avance del progreso en ninguna de sus manifestaciones. Existe gran progreso material y sus beneficios llegan a las minorías plutocráticas, esto demuestra el escaso progreso espiritual de nuestra sociedad, por el desorden del alma humana en la que no existe el concierto armonioso de la orquesta instintiva dirigida por el sabio espíritu.

Aún existe el desconcierto y prevalece la falsedad hipócrita de los poderes que rigen los destinos de los pueblos, que someten la justicia humana a servir mezquinos intereses de clase para mantener atado al hombre y su progreso. Pero la "creación sigue y no se acaba", dice el axioma, porque el hombre cada día se construye, se renueva, se transforma sin que pueda evitarlo el antagonista y aunque en apariencia tengamos hechos de gran perfidia en nuestras sociedades, ellos demuestran con contundencia la decadencia de los sistemas y sus inevitables contradicciones como las del capital financiero que en declive mayoritario registró pérdidas nunca antes vistas en los últimos tiempos, llegando a estabilizarse en las últimas horas, ¿Cuánto durará?, lo que la justicia del hombre permita, lo que el nuevo y renovado hombre de conciencia y mayor personalidad acuerde con la sociedad que lo sostiene, lo niega o lo aniquila.

La razón rendirá el culto al mayor de los mayores, a la personalidad elevada que sostiene un ideal, el de verdadero progreso y armonías, el que promueve los cambios necesarios a la dignidad de la vida. Será lógico de toda lógica que nada prevalece eternamente porque existe la ley de los cambios, pero...¿Dónde estará esa ley que nuestros enceguecidos ojos no ven?, ¿De dónde provendrán los grandes cambios que nuestras sociedades exigen?, ¿Dónde atreverá el sentido humano de toda humanidad a exigir una evolución mayor?...la insensibilidad de la sociedad ante la grandeza de la vida no permite ver que nos aproximamos inexorablemente a la explosión final, deseemos o no, es inevitable que luego de culminar el proceso de completar el decantamiento de los instintos que favorecen la injusticia humana, la potencia del hombre socialmente desarrollado rinda culto a lo oculto por tanto tiempo, al mayor, al más grande, al eterno, al hacedor de personalidades, al ESPIRITU, que llevamos cada hombre en nuestra estructura constitutiva porque somos todos sin excepción, resultado de la grandeza universal de la vida eterna y continuada de la que emana la posibilidad tangible de amar y demostrar ese amor universal en la justicia, la igualdad y la fraternidad de nuestro ser social, que sin obstáculos llegará a la comuna por el hombre comunizado, libre y soberano al que cada quien rendirá culto racional por la personalidad indeclinable de la ley que llevamos dentro.

Fraternalmente

JETTRO.