Es común oír, - el tiempo lo dirá, el tiempo lo aliviará - y así, una serie de expresiones fundadas en la abstracta condición del pensamiento de buenas intenciones, pero de nulas acciones concretas, que involucren un cambio real del entorno en que cada quien desarrolla las actividades propias de la acción humana.

Los años han sido una referencia para definir el estado de las sociedades, de los pueblos y los alcances de sus movimientos, pero no han sido el factor concreto que intervenga en la transformación real de la materia, los años han sido efecto del movimiento de las humanidades pero no la causa de esos cambios, es el hombre con toda su estructura mental el que intenta medir con el tiempo, la portentosa actividad del progreso indefinido e infinito, que no cabe en la dimensión limitada de un calendario, pero si en la acción y unidad indivisible de todos los espíritus del universo y que denominamos Espiritismo. Por ser abstracto el tiempo, este no se pierde, pero si se pierde el hombre tratando de elucubrar en los laberintos mentales, la mejor manera de conquistar el pírrico trofeo que eleve el concierto de vanidades que la materia ofrece, dentro del cántaro de trivialidades en las que ocupa la mayoría el tiempo en estos años contemporáneos, años de desconcierto, desbalance, calentamientos sociales y globales que enrarecen la atmósfera del inmutable e inmaterial tiempo.

Los cambios se reflejan en las expresiones y condiciones de la materia y son ocasionados por una fuerza que está más allá de lo que podemos ver, pesar y medir, pero que nos impulsa ineluctablemente desde la noche de los tiempos. Atribuir al tiempo la causa de los cambios, es hacerse a la vera del camino de las evoluciones para, de manera impasible, esperar que todo cambie por la acción mágica de fuerzas ajenas a la voluntad del hombre. Es sentir que el tiempo existe como el amo ejecutante y soberano del cual depende el destino del desarrollo humano.

Es la acción humana la gestora de las transformaciones, motivada por un deseo incontenible de progreso, es también la acción del hombre la que determina el balance de los años que vivimos, la que da fe de lo logrado en un período, por esta causa, la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, determina que la fe se demuestra por las obras, porque son ellas las demostradoras de la grandeza del espíritu ejecutante, si es de luz sus obras serán de luz, si es de progreso sus obras serán de progreso, con esta sencilla reflexión podemos definir nuestros alcances, y la certera o débil acción de nuestras obras.

En el acervo doctrinal de la EME de la CU fundada hace 97 años en el mes de septiembre, está contenido el conocimiento necesario para guiar nuestra vista más allá del calendario, más allá del tiempo, más allá de la amnesia de los aniversarios que se mezclan con las algarabías de los años nuevos y de las irrisorias expectativas de quienes se pierden en el tiempo.

Un año más de inagotable acción para la Escuela y uno menos para la quiebra de la conciencia oscura y banal de nuestros tiempos...

JETTRO.